sábado, 15 de agosto de 2015

Cuando comenzamos a vivir juntos 45


Día 45
Bipolaridad


―Ha sido de las peores noches que he pasado en toda mi vida, y miren que han sido muchas ―dijo Emi, sacando la cuenta―, seis mil setecientas cuarenta y cuatro si no me equivoco, y, estoy contando mis dos noches bajo el puente, la navidad de hace tres años, la de de nuestra fiesta de graduación, y la primera noche en el depa de Alex. ―Y unas cuantas más en que estaban incluidas “la noche del chupón”, “la noche de la borrachera” y, “la noche del te amo”―. Definitivamente Dani no es mala compañera, pero es… es…
―¿Mala compañera? ―dijo Marco.
―Una muy rara… ―dijo como no queriendo la cosa.
―¿Qué pasó exactamente? Más que un mal recibimiento creo que pasó algo raro a mitad de la noche para que ahora te estés quejando ―dijo inquisitivamente Pablo―. Se fueron muy contentas, ella sigue contenta y tú frustrada.
Durante la jornada de trabajo que ya habían recorrido en el Gato Negro, Daniela se había mostrado de un humor excelente, se notaba que había pasado una buena noche y que adoraba la compañía de Emi… y sin embargo Emi, parecía un perro encadenado.
―Parece como si le gustaras. ―Se mofó Marco.
Emi soltó una carcajada nerviosa.
―Muy graciosas sus malas deducciones pero eso no es lo importante aquí sino que…! ―Se desinfló, porque a pesar de todo, Emi sí conocía la palabra vergüenza.
―No te preocupes Emi, sabes que eres bien recibida en casa. ―La mano de Pablo llegó a la de ella sobre el escritorio del jefe.
Marco no se quedó atrás y tomó la otra que quedó libre, además de rápido poner su otra mano en la muñeca de la que tenía sujeta su hermano. Le era incomodo en varios sentidos, pero no dejaría que su hermano tuviera un momento guay con ella nada más.
―Puedes dormir en mi cama, le cambié las sabanas y ordené todo lo demás ―confesó Marco―. Yo me acomodaré en el sillón para no recibir tus patadas y todos contentos. ―Aun tenía un mal sabor de boca por el incidente entre ambos la otra noche, sin embargo no dejaría que Pablo le ofreciera su cuarto.
―Gracias chicos, adoro contar con ustedes tanto como los cupones de descuentos del centro comercial. ―Apretó las manos cogidas.
―¡Para eso estamos! Y ahora que ya todo está resuelto, vámonos a casa ya. ―Marco estaba cansado y aburrido del restaurante.
―En agradecimiento prepararé algo súper rico para cenar. Pablo, ¡asegúrate de cerrar pronto para que podamos comer todos juntos!
―Mejor quédate a dormir aquí, hermano. ¡Ougg!
El golpe de Emi fue rápido y certero.
―Tranquilos. Me conformo con que prometan mantenerse vivos hasta que llegue.
Los hermanos esbozaron una leve sonrisa que Emi no sabía cómo interpretar… ¿Se referían a su comida o la inminente pelea que mantendría con Marco por lo mismo? Fue empujada fuera de la oficina y sacada de sus pensamientos. La chica se despidió con la mano antes que su amigo cerrara la puerta, y Pablo suspirara.

―Pero ya en serio ―Emi encabezo la marcha a la otra oficina donde tenían sus cosas―, estos días han sido agotadores, quiero comer algo delicioso y tirarme en una suave cama y dormir sin preocupaciones. Me siento una vieja de veinte y no una adolescente de dieciocho.
―Es que intentas abarcar mucho… ¿Qué hay de las clases? ¿Ya las dejaste?
Emi puso cara de dolor cuando pensó en ello. Aún tenía unas cuotas que pagar para saldar su cuenta con el instituto y con Alex, por un servicio que no estaba ocupando al cien por ciento. Tomó el bolso, Marco tomó la maleta y demás cosas que acarreaba.
―No. No del todo… tengo que ir y ver qué hago para ponerme al día. Hoy también tenía clases y mírame, voy a ir a tu casa y no pienso moverme de allí hasta recuperar energía para poder hacer todo lo que tengo que hacer.
―Morirás joven.
―Joven y bella menos mal.
―Como digas ―Rió Marco y salieron a la calle para tomar un taxi.
Iban cruzando la calle por el paso peatonal para ir hacia una avenida más concurrida, cuando un auto viró y casi se les echa encima. Ambos muchachos plantaron un grito junto al ruido del freno, y cuando el susto pasó a la rabia, ambos golpearon el capó del vehículo.
―¡Descerebrado! ¡Aprende a conducir! ―le espetó Marco.
De inmediato, asomándose por la ventanilla apareció un rostro conocido para ambos: Johana, una de las tantas enamoradas de Alex.
―¡Ay de ustedes que lo hayan abollado!
―¡Hiiiiiiii! ¡Pero si es la perra loca! ―A Emi se le erizaron todos los pelos―. ¡Intentabas matarnos a propósito!
―Pero que imaginación la tuya ―gruñó la mujer, bajándose del auto―, sería incapaz ―lo dijo con un tonito que decía todo lo contrario―. Está bien, no le hicieron daño.
―¿Qué está bien? ―dijo Marco―, ¡casi nos matas! ―Apenas conocía a Johana, pero si le caía mal a Emi entonces a él también―. Alejémonos rápido de esta psicópata.
―Marco, esa era la palabra que siempre busque para decirle ―le dijo con emoción.
―¡¿A dónde crees que te la llevas?! ―gritó la psicópata, cuando Marco se llevaba a Emi casi corriendo. Johana los alcanzó y sujetó a Emi por un brazo, luchando por quedársela.
―¡Aaaaaaaaay!
―¡¿Qué diablos haces?! ¡Suéltala! ¡Suéltala! ―Tiró más fuerte Marco.
―¡Claro que no! ¡Ella se va conmigo! ―Tiró más Johana.
―¡Ni que estuviera loca! ―Tiró hacia Marco Emi.
―¡No me agrada la idea tampoco! ―se quejó, siendo arrastrada por los jóvenes.
―¡Estamos de acuerdo en algo al fin! ―A Emi le dolían los brazos―. ¡Suéltame yaaaa!
―¡No puedo! ¡Alex quiere que vengas conmigo!
―¡¿QUÉ?! ―gritaron Marco y Emi al unísono.
―Una vez ya rechazaste nuestra bondad y generosidad, y él se enojó mucho ―le costaba decir por el esfuerzo―. Me lo ha vuelto a pedir… que te de asilo… tienes que venir aunque no quieras… sino él se enojará mucho más ¡y conmigo esta vez! Porque tengo que… convencerte…
―¿Por qué tendría que creerte? ―masculló Emi―. Eso es totalmente ilógico, él y yo… ya no tenemos ninguna relación, dejé su piso y no dependo de él. ¡Suéltame!
―Ahí donde la ves Emi ya tiene quien cuide de ella y la defienda, no lo necesita ―dijo Marco.
―¡No es obvio que te quiere de vuelta! ―gritó Johana, tirando con más fuerza. Emi soltó la mano de Marco al instante y se dejó caer junto con Johana por la inercia. Ambas se quejaron.
―Tiene que ser broma ―Incrédula, comenzó a pararse―. Alex no diría algo así, menos lo mandaría a decir…
―Él no me lo dijo, pero si insistió es porque lo siente, lo conozco mejor que nadie, sé que lo desea ―soltó con enojo Johana.
―¡Emi! Lo siento, te dejé caer, en serio que no era mi intención ―dijo Marco, acercándose a ayudarla. Emi aceptó la mano que le tendió.
―Tienes que venir conmigo.
―¿Por qué insistes tanto? ―preguntó Emi―. Aunque se enoje, para ti es mejor que yo siga tal cual.
―Porque me importa. ―Johana notó que Emi estaba dudando―. Y a ti también.
_______________

―Puedes dejar tus pilchas por ahí en un rincón ―dijo Johana, dejando caer las llaves sobre la mesa del comedor sin mirarla.
Emi miró con cuidado el entorno que la rodeaba, como temiendo que de algún lugar saliera un monstruo a atacarla, o que la bipolaridad de Johana saltara otra vez. Era la misma cosa. Dejó sus maletas en un rincón junto a la puerta, estando segura de que Johana preferiría que acampara en el minúsculo jardín. Realmente Emi no tenía idea sobre qué estaba haciendo ahí y ya estaba arrepentida de subirse al escarabajito.
―Es una linda casa… ―dijo, esperando que el horrible ambiente desapareciera por arte de magia. Si iba a pasar ahí un par de noches, al menos tenía que intentarlo.
―Lo es ―respondió, y Johana se metió en un cuarto, cerrando la puerta.
Durante cinco minutos, Emi permaneció quieta, esperando cualquier cosa que no ocurrió. Estar ahí no tenía sentido, y demasiado tarde, se dio cuenta de que la había cagado, otra vez.
Miró la hora en su teléfono, era temprano aunque ya hubiera oscurecido, y estaba segura de que no tendría problema al salir a la calle con sus cosas y esperar un autobús o taxi que la acercara al centro. Johana vivía en una zona decente de la ciudad aunque no fuera de las mejores, sabía bien que no la despellejarían al verla sola.
―Pasaré al súper antes de dejarme caer en casa de los chicos, es lo mínimo que puedo hacer para compensar al pobre Marco…
El teléfono de Emi sonó con la alerta de mensaje y la asustó. Miró rápido el texto y palideció.
«No puedo entender por qué te vas así.»
Pablo ya sabía de sus andanzas… y estaba desilusionado de ella. Ahora no podría simplemente volver como si nada, ni siquiera con la comida preparada del súper. ¿Y qué le contestaba? ¿Qué le habría contado Marco? Estaba perdida.
―Joder…
Con resignación se sentó en una de las sillas de la mesa y se sujetó la cabeza con ambas manos. Era una idiota total.
Intentó escribir varios mensajes explicándose y disculpándose, pero sus palabras parecían falsas y sin sentido.
«¿Me perdonarías si vuelvo?»
Lo borró y guardó el móvil en el bolsillo, sintiéndose la peor persona del mundo.

Johana se daba vueltas y vueltas en su cuarto. Ya, por fin había logrado meter a Emi en su casa, ahora no tenía idea qué hacer con ella. Estaba tentada a llamar a Alex y contárselo, pero ¿entonces qué? Estaba segura que le daría una respuesta corta y escuálida diciéndole que cuidara de ella y cortaría.
Lógicamente, eso era un chiste. Era verdad que la Mocosa era una vagabunda que solo necesitaba albergue, ¿pero de ahí a que la cuidara? No. Alex quería que le pidiera asilo otra vez, así que necesitaba que alguien hablara bien de él a la Mocosa y le quitara el miedo; y claro, ¿quién mejor que ella? ¿La siempre leal Johana?
―¡Agg! ¡Cómo te detesto Alex, pero ni así me dejas de gustar!
Se sentó impotente en la cama. Alex era un manipulador de lo peor, cruel como nadie, no merecía tener tanta buena suerte, tampoco merecía tener a esa chica tan enamorada. Ni a ella misma.
Bien, sólo dejaría fluir las cosas. No iba a interceder por él, merecía perder aunque fuera a esa chica.
Se levantó y fue hasta la puerta... la abrió un poquito, lenta y cuidadosamente para no ser descubierta. Asomándose por la rendija buscó a la Mocosa y se sorprendió al verla echada en la mesa. Por lo poco que sabía de ella, la esperaba totalmente instalada en la salita y empoderada del control remoto.
Pero estaba cabizbaja y triste.
Cerró la puerta asustada de sus pensamientos empáticos.
Johana se frotó los ojos, convencida de que había visto mal la escena, entonces volvió a asomarse por la rendija. Había visto bien, y no le gustaba lo que estaba pensando. Estaba sintiendo pena por ella. Resignada, abrió la puerta completamente y la cruzó hacía Emi, posó su mano sobre su hombro y le dio un suave apretón de confort. Emi no ocultó el susto que le provocó Johana, lo que echó a perder todas sus buenas intenciones antes de ver la luz; y le apretó con demasiada fuerza.
―¡Ay! ¡Hija de tu madre! ―gritó Emi, apartándose, sobándose―, ahora si te cacheteo…
―No soy violenta, pero ni así puedes contra mí… ―profirió molesta―. ¡En serio que no lo entiendo! ―dijo en un chillido lastimero―. Eres una mocosa impertinente, malhablada, molesta, inútil y más que idiota; entonces, ¿qué es lo que ve Alex en ti? Sacarías de quicio hasta a un santo…
Petrificada ante tamaña confesión, intentó articular una defensa, pero una breve disculpa fue lo único que pudo susurrar.
―Ha de ser que en lo profundo de él, sí le gustan los problemas ―continuó Johana, hablando para sí misma―. Siempre supe que Alex tiene una gran máscara puesta, pero esto… en serio que no lo entiendo… no llevo ni una hora contigo y ya estoy desquiciada.
Emi no tenía idea de qué decir o hacer, así que simplemente se sentó en el otro extremo de la mesa, en silencio, mirando la madera. Johana la miró brevemente y sonrió pesarosa… o más bien sintiéndose un poco tonta.
― ¡Bah! No eres tú, el problema siempre ha sido él, ¿no lo crees?
―Pues… ―A Emi le pareció una tregua―. Tiene la mitad de responsabilidad, supongo.
―¡No seas tímida y admitamos la verdad! Si se comportara como un hombre de verdad ninguna de las dos estaría aquí, ni haciendo algo que no quiere. ―La miró más profundamente―. No te dejes guiar por él, nada bueno resultará para ti… sólo mírame.
Desde que conoció a Johana, la duda carcomió a Emi. ¿Qué era realmente aquella mujer para Alex? ¿Qué tipo de relación tenían o tuvieron? Y esas preguntas eran sólo la punta del iceberg, en realidad deseaba saberlo todo. TODO. Dóndecómocúandoquécuántasetc… era la más pura morbosidad masoquista, y quizá esta fuera la oportunidad, porque era obvio que Alex jamás respondería ese tipo de preguntas… menos para ella.
―¿Qué..? ―dudó la chica, pero se armó de valor―. ¿Qué fue lo que te hizo, Johana? ¿Por qué te…enamoraste de él? ―lo dijo como algo malo.
―¿Por qué? ―Sonrió― No hay un por qué, simplemente cuando pasa ni sabes cómo pasó… si era tan… ―Sus expresiones eran una mezcla de enojo, rabia, y odio― pedante… pero tan… ―Y se le caía la baba en recordarlo.

Y Emi sabía muy bien a lo que se refería.

sábado, 8 de junio de 2013

Cuando comenzamos a vivir juntos 44




Día 44

La noche que lo cambió todo


Leo abandonó la misión de regresar a Emi a la casa de sus padres, aquella noche; sin embargo más que nunca estaba determinado a que no volviera al departamento de Alex y para eso, tenía planeado varios pasos que, estaba seguro, lo llevarían a cumplir aquella meta.
―Siento haberte dejado así ―se disculpó otra vez Leo―. Vamos a dentro para ponerte hielo en ese ojo.
Alex negó con un movimiento de cabeza.
―Lucy está dentro. Suficientes peleas por hoy y ella tiene uñas. Además, hoy descuidé muchas cosas y tengo que regresar a casa para solucionarlas.
―Por favor. No ocuparé mucho más de tu tiempo ―dijo serio―, aún tengo un asunto que tratar contigo.
Alex no podía negarse cuando su amigo se ponía así, no actualmente. Así que sin más bajó del vehículo y lo siguió dentro, preguntándose qué le deparaba.
―Lucy, estoy en casa~ ―exclamó Leo. A Alex no le sorprendió que el tono de voz fuera dulce y relajado, aun cuando unos segundos atrás era todo lo contario.
Y por alguna extraña razón, se preguntó si él sonó alguna vez así al avisar su llegada al departamento, sabiendo que Emi estaba ahí para oírle. Agitó la cabeza para borrar el pensamiento.
―¡Amor, estoy cocinando, ven a ayudarme! ―gritó Lucy, Alex no pudo evitar sonreír y Leo le dio un codazo―. ¿Cómo te fue con Emi?
―Eh… Lucy ―dijo Leo, yendo a la cocina con Alex pisándole los talones―, invité a Alex… espero no te… ―Se acercó a besarla, Lucy apartó la cara y miró molesta a ambos.
―¿Qué hace él aquí?
―Lucy, no te pongas así… Necesito hablar con él, y si te fijaste su moto está en el jardín, vino por ella también.
Lucy lo miró duramente hasta que se suavizó, y le dio a entender que estaba bien. Leo se atrevió a robarle un beso rápido en agradecimiento y ella se apartó, un poco avergonzada por la escena. La presencia de Alex la ponía incomoda y molesta. Lo miró y lo encontró sonriendo entretenido, mirando fijamente unas bananas sobre el refrigerador; entonces reparó en su apariencia.
―Oh por Dios, Leonardo, le estampaste el puño en la cara ―dijo impactada, y olvidándose de su repulsión por Alex, se acercó a él rápidamente y le sostuvo el rostro. Alex gimió de dolor con el fuerte agarré; a Lucy no le importó, siguió haciendo su escrutinio―. Por supuesto que fue tu mano… ¡¿Qué acordamos Leonardo Llanos?! ¡Nada de golpes! ¡Eres un troglodita! ¡Un animal!
―¡¿Estás defendiéndolo?! ―gritó Leo―. ¡Es Alex, míralo! ¡Se lo merecía!
―Por favor, Leo ―siguió enojada―, podrá ser el mayor desgraciado, pero puedes en verdad hacerle daño. ¿Qué pasaría contigo si por el golpe pierde el equilibrio y se parte la cabeza en el pavimento y muere? ¿Eh? ¡Debes aprender a controlar tu ira! ―Leo pareció en verdad arrepentido del daño y agachó la cabeza como un niño―. Ponle hielo de una vez. ―Lo soltó y alejó rápido.
Alex no hizo comentario alguno y aceptó de buena gana la bolsa que le tendió Leo. Le dolía hasta el alma.
―¿Te duele mucho? ―preguntó compungida.
―No realmente ―mintió―. Se ve peor de lo que es.
―Bien… no lo demandes o algo parecido, por favor.
Alex se rió.
―Basta de cháchara inútil, vamos a...
―¿Por qué le pegaste? ―No le hizo caso Lucy.
―¿Te parece poco todo lo que ha hecho?
―Es extraño que lo golpearas ahora y no la semana pasada. Además te dije que nada de golpes.
Algo extraño sintió Alex al verlos hablar de manera tan natural, y sobre él. Era obvio que Lucy estaba enterada de todo lo que hacía y disponía Leo, así que, cuando Leo comenzó a contarle todo lo hablado en el auto, y a todo es TODO, Alex no pudo menos que sentirse avergonzado por primera vez en su vida.
Para ellos era lo más natural del mundo hablar con tanta sinceridad. Él sobraba en esa escena, era invisible. ¿Qué era esa cosa que sentía? ¿Envidia? Ridículo. Los observaba como un científico mira a través del microscopio una muestra. Lo había visto en sus padres antes, ahora en ellos dos: eso era amor, y no lo necesitaba.
― … por eso lo golpeé. No porque no haya tenido las agallas de decirme lo que estaba pasando ―proclamó Leo―, si no por jugar con los sentimientos de Emi de una manera tan… tan…
―Vil ―dijo Lucy, mirando con odio a Alex.
―Eso ―Leo la miró lleno de amor.
―Prefiero la palabra “perversa” ―comentó Alex como si nada―, pero gracias. Ahora, ¿podríamos pasar al tema que me trajo hasta aquí? Leo, creo que dijiste que aún teníamos asuntos pendientes y, espero que el informarle a Lucy no sea a lo que te referías.
―Pues no. Me refería a cómo le hacemos para que mi hermana regrese a su casa, y para eso se me ocurrió un plan infalible…
―Leo ―interrumpió Lucy―. Recuerda la última vez que hiciste un “plan para”, metiste a mucha gente en problemas.
Leo se puso rojo.
―Así es, y no va a funcionar ―siguió Alex―. Te dije que me mantendría alejado de tu hermana, pero como amigo tuyo, te aconsejo que le digas lo que está pasando. Es inteligente y noble, haría lo que le pidieras si es por una buena causa.
―¿Le contaste a Alex lo de Ema, pero no a Emi? ―Lucy se llevó una mano a la frente.
―Es que no quiero pasar a llevar su decisión, además papá y mamá la apoyan en eso.
―Que manera de complicarse la vida ―soltó Alex.
―Vamos, a nadie le gusta que le ayuden por lastima ―defendió Leo.
―No es eso amor, es que… no se han puesto a pensar en cómo se sentirá Emi cuando se entere, y sepa que es la ultima. Este asunto debieron discutirlo en familia, es serio.
―No hay mucho que discutir ahora ―dijo obstinado―. Papá habló con Emi antes y salió huyendo de casa.
―Ya me imagino el tipo de plática… ―comentaron Lucy y Alex a la vez. Ella lo miró molesta.
―Como sea, no estoy de acuerdo en ayudarte.
―¿Podrías al menos escucharme y considerar mi plan? ―gruñó Leo.
Alex lo miró e hizo una mueca.
―Habla rápido.
Leo suspiró, se dio unas vueltas por el reducido espacio que le dejaban Lucy y Alex a cada lado. Se pasó la mano por el pelo negro y volvió a suspirar. Lo había pensado medianamente en el camino de regreso, era… excelente, quería creer, mataría dos pájaros de un tiro, pero bien podría no ser lo mejor, más con Lucy ahí, que lo tacharía de hombre sin escrúpulos tal vez, y bien podría sacarle todos los fallos a su plan que él no vio. Se apoyó finalmente en el mueble del lavaplatos cruzándose de brazos.
―Ya que… ―Le costaba decirlo― tienes cierta influencia sobre Emi, mayor a la que tengo yo, por lo que siente por ti… ―carraspeó―, Debes hablar con ella y convencerla de regresar a casa.
Tanto Lucy como Alex lo miraron sin expresión.
―¿Di algo, no?
―Verás ―dijo Alex―, creo que te dije que mil veces le incité a hacerlo.
― Pues no lo hiciste bien ―alegó Leo.
―No he terminado. ―Alex lo miró duro―. Tal vez quieras que use mi labia para lavarle el cerebro, pero no funciona contra ella, ya no. ―Leo quiso interrumpir, y Alex lo frenó―. Sabes que me agrada Emi, y estoy en total desacuerdo en que se le manipule, si quieres que regrese a su casa sin rechistar, tú habla con ella y cuéntale lo que está pasando.
―Ema no quiere que lo sepa aún ―dijo otra vez, terco, Leo.
―Entonces habla con Ema.
―Opino igual ―dijo Lucy―. Leo, es lo mejor para todos.
―No han terminado de oír mi plan, por eso están tan escépticos ―aclaró lleno de confianza, ignorándolos.
―Oh, por favor ilumíname.
―Este plan no es sólo para regresarla a casa, sino también para borrarle de la cabeza la estúpida idea que te ama.
Estúpida nada ―pensó Alex, pero cayó. Ni su rostro ni su cuerpo, ni nada delató el malestar que lo embargaba en ese instante. Una cosa era que él no pudiera quererla como ella lo hacía, pero no por eso sus sentimientos eran cualquier cosa.
Alex no era violento, pero Dios sabía que quería borrarle la sonrisa de satisfacción que las palabras de Leo dieron a Lucy con un golpe. Ella sentía amor por Leo, y estaba seguro que no le gustaba que dudara nadie de ello, ni desvalorara su sentir. Leo seguía parloteando estupideces, envalentonado por la nueva actitud de Lucy.
― … de esa manera, tú le das una respuesta negativa y ella ya se ha instalado y acomodado en el que ha sido siempre su lugar. No hay pérdida, se sentirá con el corazón roto, creo, así que no estará preocupada por donde pasa la noche.
―Perdón ―dijo desconcertado―. No escuché.
Leo exhaló frustrado, sentía que su oratoria fue perfecta, y no estaba seguro si le saldría igual una segunda vez.
―Decía, que mañana mismo hablarás con Emi, y le dirás que quieres que regrese a tu departamento ―Alex agrandó los ojos imperceptiblemente― por razones que ya definiremos bien. Pero la cuestión es que, le dirás que no puedes pensar con claridad una respuesta con ella metida ahí, como es lógico, no es correcta su convivencia… Además, que si quieren tener una relación de novios ―Santo Dios. Tragó saliva Alex―, lo mejor sería que viviese en otro lugar, para ya sabes, llevar una relación normalita. ―Leo era pérfido, se dio cuenta Alex, tenía tantos genes malignos como Ema―. ¿Y qué mejor lugar que su casa? ―dijo triunfante―, a la semana, como mucho, le dirás lo que sueles decirles a todas las mujeres: que no te interesan las relaciones serias y largas, y la verdad, ya perdiste el interés. ―Alex sintió un nudo en la garganta―. En este punto sería genial si te sacas de la manga una chica para exhibirla delante de ella si se da la oportunidad ―agregó.
―¡Leonardo! Eso no. Eso es cruel, lo ultimo ―reprendió Lucy―. Estoy de acuerdo en lo demás, creo que es por su bien que Alex le deje las cosas claras ahora, pero lo que propones es pasarse.
―Ya, es que la imaginación voló sin querer.
Alex no sabía qué pensar. Todo lo que decía Leonardo era totalmente… factible, y le aterraba pensar que hace un par de días, decirle esas cosas a Emi para rechazarla estaban en su mente. Así había vivido todo el tiempo, y entonces, le pareció adecuado, pero que lo dijera otra persona, con el tono que usó Leo lo hacía sentir… horrible.
Era cierto que él no era el hombre más noble del mundo, pero tenía sus razones para no enredarse mucho con las mujeres, y principios. Leo las sabía, no era justo que usara sus métodos en su contra.
Se sentía estúpido, nunca debió contarle nada, al menos sus miserias no le serían restregadas en voz alta.
No. No era eso lo que estaba atormentándolo mientras Leo seguía discutiendo detalles con su mujer, era que para eso había ido con Leo; y el corazón de Alex intentaba de algún modo, hacerlo rechazar cualquier oportunidad de cortar su insipiente amorío con Emi.
A eso había ido. A recuperar la confianza de Leonardo, a deshacerse de Emi mientras la dejaba en una buena situación, a retomar su antiguo estilo de vida superficial.
―¿Crees que Brenda Araya estaría bien o me consigo una que no haya visto? ―dijo calmo, con un amago de sonrisa que daba escalofríos.
_______________

―¡¿Cómo que no sabes cocinar?! ―chilló Daniela mientras meneaba la sartén de una manera muy poco ortodoxa―. ¡Pues yo te enseño! La cocina es una de mis especialidades. Partiré por lo básico. ―Pensó un momento―. ¿Quieres dar vuelta la tortilla en el aire?
Sin esperar respuesta, aunque Emi miraba con asombro la maestría desaliñada, asintió enérgicamente mientras veía cómo la tortilla, mediante un rápido movimiento de muñeca, giraba a unos treinta centímetros y volvía a caer al sartén caliente. Eso sí, sin un ápice de elegancia y tampoco con la misma forma que tenía antes de tal hazaña.
―¡Wow! ¡Eso estuvo increíble! ¿Qué increíble? ¡Fantástico! ―vitoreó Emi entre aplausos a una muy orgullosa Daniela.
―Bien, bien. Ahora hazlo tú. ―Se apartó de la cocina y puso a Emi al mando del asunto.
―¡¿Quéquéquéquéeeeeeeeh?! ¿Estás loca?
―Para nada. Vamos, si no lo intentas entonces ¿cómo planeas hacerlo? ¡Vamos! ¡Sólo es hacerla saltar y ya!
Con unas cuantas dudas, Emi tomó la sartén por el mango y meneó un poquito de un lado a otro, verificando que la tortilla no estuviera pegada… o eso creía que hacía. La verdad, había visto a Alex hacerlo un montón de veces antes de hacer girar cualquier cosa en aceite peligrosamente caliente, pero nunca se atrevió a preguntar para qué, contar de no parecer ignorante.
―¡Vamos~~! ―animó Daniela, y entonces Emi cerró los ojos y se encomendó a los santos, haciendo saltar la tortilla y esperando que callera dentro. Le saltaron algunas chispitas de aceite en la mano pero no se atrevió a soltarlo. Pasó un momento, el cual creyó conveniente para verificar el resultado de la operación aunque ya sospechaba cual era.
―Buuuuu~~ Se quedó pegada en el techo… ―dijo Dani, con la mirada hacia arriba. Emi elevó la vista también, y allí yacía la desafortunada tortilla y…
―Dios santo, ¿qué mierda son esas cosas?
―Mis intentos fallidos ―contestó con total desenfado la otra―. Al principio me pasaba lo que a ti, y pues… ahí se quedó la comida… en el techo.
―¿Pero por qué no la limpiaste? Es… es… ―miraba con horror Emi―. ¿Acaso se expandió? ¿Te fijaste? ¡Se movió!
―Es que me dio asquito. Pero déjala, no le hace daño a nadie. ¡Vamos a intentarlo de nuevo mejor! ―Bailando, iba de un lado a otro buscando ingredientes para una nueva tortilla. Emi prefirió hacerse a un lado y dejarle el trabajo a la experta, cuando su teléfono sonó.
De inmediato le asqueó el sonido del mensaje de texto, porque últimamente sólo recibía de la compañía de teléfono; pero se sorprendió cuando, estando a punto de borrarlo sin leerlo siquiera, se dio cuenta que el emisor era nada más y nada menos que Pablo.
«Me tiene preocupado tu dupla con Daniela. Agradecería si me enviaras un mensaje diciendo que aún estás viva.»
Emi no pudo contener su risa y comenzó a escribirle un texto respondiendo a la petición.
―Eh, ¿qué pasa con esa risa? Es normal que a veces la comida se queme, sabes.
―¡Ah! No, no me río de eso. ―Ni había notado el olor a quemado que salía―. Es… Pablo. Me envió un mensaje diciendo que está preocupado de nuestra dupla, ¿crees? ―Daniela giró los ojos―. No sé por qué, pero a veces pienso que las personas a nuestro alrededor tienen una muy mala opinión de nosotras ―dijo, mientras escribía rápidamente―. Como si no fuéramos capaces de hacer nada bien y, ok, no sé cocinar, pero no es para tanto, ¿verdad?
―¡Eso, eso, eso! ―Asintió con la cabeza―. Tal vez un par de cosas no nos salgan del todo bien, pero en lo que respecta a cocinar soy genial… y si me dejaran llevar las cuentas en el G.N., también lo haría espectacular, pero a Pablito por alguna extraña razón le asusta darme los libros. Dice que evadir impuestos es peligroso y yo digo… ¡PABLO! ―Emi rió, escuchaba la mitad de lo que decía la chica―. ¡¿Dijiste Pablo?!
―Eh… sí, ¿por?
―Quería saber cómo iba tu relación con él. ―Dejó que saliera humo de la tortilla mientras se sentaba frente a Emi con una mirada de total atención.
Emi abrió los ojos y se puso totalmente roja. Por al menos una hora se había olvidado de las razones que la habían llevado a la casa de Dani y no a la de Pablo.
―¡¿De qué relación me estás hablando?! ¡Yo no tengo ninguna relación con él te digo! ¡No siento nada-nadita! ¡No te oigo soy de palo tengo orejas de pescado! ¡Lero lero lero lero lero…!
―¡A mí no me vengas con cuentos! ¡Quiero sabeeeeeeeeeeeeeer~~! ―chilló―. No tengo perro que me ladre y necesito alguna buena historia para agregarle emoción a mi vida. ¿síiiiiiiiiiiii? Porfis, porfis, porfis~~
―¡Es que en verdad no sé de qué relación me estás hablando! ―Emi se apartó, pero la tenía pegada en un abrazo suplicante a su cintura, arrastrándola. Sus pies terminaron enredados en algo que había tirado en el suelo y cayeron. Arrastrarse tampoco sirvió, el cansancio de llevar a Daniela a cuesta le pasó la cuenta y entonces paró―. Dios… ¿qué tipo de relación además de amistad crees tú que tenemos?
―Creo que te gusta, y tú le gustas a él.
―¡Imposible!
―Si lo dices porque a ti te gusta el güerito guapo, déjame decirte que a mí me han llegado a gustar cinco personas de un puro jalón. ¡Lo tuyo es perfectamente normal! ―hablaba con emoción y apretaba a Emi más y más.
―¿T-ú-tú crees? ―Como que no quería a cosa, Emi pensó en que Pablo le había dicho que su petición de amor era nada más una broma.
―¡AJÁ! ―chilló―. ¿Y sabes? Vi al guapote la otra noche, noté que parece que las cosas no van muy bien entre ustedes… ¿verdad? ―Emi asintió―. Mi más sabio consejo es que sigas para delante sin pensarlo mucho y luego-luego, sin que lo notes, vas a estar con el que te gusta más.
―¡¿Eh?!
―¿Qué no te quedó claro? ―preguntó confundida.
―Es que… eso suena como a que… que ande con los dos al mismo tiempo… ¿no?
―¡Eso mismo! ―declaró Daniela pegando su frente a la de Emi para verla directa a los ojos, y Emi no podía retroceder porque tenía la cabeza pegada al suelo―. Esa es la única manera de ver cuál te conviene más. ¿Si no pruebas el producto antes, entonces como vas a saber si es mejor que el otro? ¡Yo digo vamos a darle que para eso alcanza!
―¿Pu-puedes apartarte un poquito? Ya quiero pararme je, je…
―¡Ah, sí, claro! ―Dani se levantó y le tendió la mano a Emi, ésta la tomó.
―Eso quiere decir, Dani… ¿anduviste con cinco tipos a la vez? ―preguntó asustada.
―Ajá~
―¿Y supiste cuál te convenía? ―preguntó llena de curiosidad.
―Ajá~
―¡¿Y qué pasó?! ―Volvió a preguntar impaciente.
―Nada. Nada bueno. Los hombres son unos chismosos que no pueden mantener la boca cerrada. Tienen que saber presumirles a sus amigos lo que hacen con una chica. ―Emi abrió los ojos con horror y se llevó una mano a la cara―. Al final el único que me convenía fue el que no lo hizo, pero para entonces ya se había enterado que andaba con los otros cuatro y me mando a freír espárragos, igual que los demás. Ah…
―Auch… ¡Coff! ¡Coff! ―Emi no alcanzó a ponerse triste cuando el humo al interior de la casa comenzó a molestarle―. Ehh… creo que tenemos que abrir las ventanas.
―¡La tortilla! ¡Seguro ya no podemos voltearla! ―lamentó Daniela.
_______________

Pablo miró el teléfono otra vez, inútilmente, buscando en el algún mensaje o llamada que no hubiese notado las últimas diez o cincuenta veces que había revisado en la ultima hora. ¿Qué estaba esperando? No era obligación que le contestara un mensaje… estúpido, del que se había dado cuenta muy tarde; porque si estaba preocupado o si quería saber reamente cómo se encontraba Emi, debería haberla llamado y no haber mandando un estúpido mensaje. Era más rápido y eficaz. Un mensaje diciéndole que su texto fue recibido no indicaba que hubiese sido leído.
Iba a llamarla, aunque fuese más de media noche.
La vibración y el pitido del móvil en su mano lo hicieron saltar del susto y caer de la cama.
Rápido, Pablo se compuso y buscó el aparato en medio de la oscuridad, desesperado por el mensaje que aguardaba. El teléfono yacía burlón sobre el cobertor, lo tomó metiéndose bajo las sabanas, más tranquilo al ver que Emi al fin había respondido:
«Sana y salva, cocinando con Dani. Buenas noches y descansa bien n.n»
―¿Qué? ¿Sólo eso? Tiene que ser broma después de mantenerme preocupado por una hora.
Olvidó por completo todo el raciocinio hecho hacía un momento, y se sintió realmente pasado a llevar por aquella respuesta tan seca. No era lo que esperaba y así se lo hizo saber en un nuevo mensaje que le envió.
«Gracias por responder aunque un poco tarde, me iré a dormir tranquilo ahora. Buenas noches.»
―No jodas… le envié otra tontería ―se dijo, sintiéndose tan estúpido como la vez en que le había pedido que lo amara.
Sólo quería cerrar los ojos y dormir para olvidarse del asunto, esperando que mañana al en el trabajo, cuando se encontrara con Emi, hubiera hecho lo mismo.
Pero Emi siempre tomaba el camino contrario al que esperaba y obviamente, el teléfono volvió a sonar, indicándole que ella tenía el asunto muy presente ahora y que mañana seguiría igual.
«¡OMG! Ni me fije la hora que era. Perdón por no responder antes… estaba escribiendo en el momento pero Dani me distrajo, y cuando pude mandé el borrador… incompleto sin fijarme, con la despedida que escribí ahorita u.u’»
Era una respuesta muy sincera, como siempre lo era ella con él, y ahora Pablo se sentía más tonto que antes. No entendía porque se preocupó tanto en el momento, ni menos porque le molestó aquel primer mensaje.
«Por favor no te disculpes, no quise decirlo y hacerte sentir mal… Pero sí estaba preocupado. Vete a dormir pronto porque mañana toca trabajar.»
Presionó enviar mientras se desparramaba en la cama, no sintiéndose tonto o cualquier otro calificativo similar, sino algo muy diferente y profundo que se sentía un poco extraño. Quizá era algo de decepción consigo mismo por provocarle angustia a Emi. Él no era así.
Cerró los ojos para permitirle al sueño adueñarse de él, en segundos su cuerpo estaba rendido al cansancio, relajándose para dejar la conciencia, cuando el pitido de un nuevo mensaje lo trajo de nuevo al mundo.
¿A quién quería engañar Pablo? Quería tener la oportunidad de intercambiar más mensajes con Emi y, ver si así, aquel extraño sentimiento era reemplazado por la emoción que ella era capaz de infundirle. Leyó sonriendo.
«Bien~ Y qué más quisiera yo que descansar de una vez, pero a Daniela no se le acaba la batería. Si tengo tiempo de escribirte es porque decidió darse una ducha para quitarse la borrachera (no preguntes). Tengo algo de sueño, pero no me dejará dormir ha dicho.»
―Jejeje… ya sabía yo… Y por eso me quitas el sueño a mí también, ¿no?
Escribió rápido otro texto.
«Creo que intentas convencerme de algo. Dudo que te entre el sueño tan temprano y que te tenga bajo amenaza. Inventa algo mejor la próxima ;D»
Envió.

En casa de Daniela, Emi estaba medio echada entre el pequeño sofá y la mesita de centro, donde yacían dos copas y una botella medio vacía de vino blanco. Emi había bebido dos sorbos y nada más. No estaba borracha para nada, sin embargo, miró al teléfono con ojos entrecerrados y suspicaces, como si fuera a Pablo quien miraba tan indignada y no a una pantallita encendida.
«¿Me llamas mentirosa? Las 12 es una buena hora para estar en la cama, cosa que seguramente desconoces. Y a diferencia de lo que crees, Daniela es intimidante ¬¬»
A ver qué respondía a eso.
Dejó escapar un suspiró, dándose cuenta que hacía eones que no intercambiaba textos de una manera tan normal y relajada. ¿Era así porque se trataba Pablo? Lo cierto era que él tenía un poder extraño sobre ella, de calmarla totalmente, aunque… últimamente ese poder no existía y en su lugar, uno muy distinto había aparecido: el de ponerla nerviosa y tensa.
―De no ser por eso, ahora estaríamos hablando cara a cara… o por teléfono y no así.
Pablo respondió un instante después, sacándola de su ensimismamiento.
«Jamás. Aunque sí tienes una cantidad increíble de historias de dudosa veracidad. Ah, sé que es una buena hora, ahora mismo estoy en la camita (no puedo dormir), y antes, cuando podía, me dormía a las 10 como un chico bueno… ¿Qué te haces? Tú también eres muy intimidante cuando quieres e.e»
Emi abrió la boca e inspiró con notoriedad para demostrarle su indignación al teléfono, algo bastante inútil. Escribió otra vez.
«Un día te llevaré conmigo para que vivas anécdotas interesantes que poder contar ;D Y dormiría si me dejaras.»
Envió, y se dio cuenta que con ese mensaje estaba cortando el feedback, así que se apresuró a escribir otro que sonara a continuación.
«… Aunque la verdad no tengo sueño ahora.»
Unos segundos después, se percató que ese último mensaje era “extraño”. Se vio tentada a enviarle otro para explicar que eran uno mismo, pero había presionado enviar sin querer antes de acabar de escribir, como lo sucedido anteriormente, pero desistió. Enviar otro explicando una estupidez era incluso más extraño. Esperó respuesta, y tras un momento que le pareció una eternidad, pensó que Pablo había declinado al leer el penúltimo mensaje.
En su mano el teléfono se iluminó, y casi se golpea la nariz con él al acercarlo para leer aquella tardía ―le parecía― respuesta.
«Vagar por una ciudad desconocida, en una noche lluviosa de otoño sin dinero fue bastante malo, no me gustaría repetir si va a ser así. Así que creo que serás tú la que venga conmigo ;D Seguro tendrías más sueño si estuvieras en la comodísima cama de Marco, que ya conoces.»
Y ahí iba de nuevo. Seguía molesto porque prefirió a Daniela sobre él.
«Touché. No sé, la cama de Marco olía raro xD»
Envió. Esa era una buena escapada para no hondar en el asunto que le ponía el estomago raro.
Al instante le llegó la respuesta, dejándola boquiabierta:
«La mía huele mejor 1313»

― “La mía huele mejor 1313” ―susurró calmadamente―. ¡¿Qué diablos significa eso?! ―gritó Pablo, en su cuarto, a varios kilómetros de distancia sintiéndose totalmente estúpido. Se apresuró a continuar su mensaje.
No sabía cómo. Parecía que se le había ido el ingenió con esa metida de pata que sonaba a… a…no estaba coqueteando con Emi… ¿verdad?
Estaba en blanco, cada cosa que se le ocurría era peor que la anterior.
«Tiene sábanas limpias, con suavizante y demás.»
Envió, suspiró y se quedó mirando el techo. ¿Qué estaba pasándole? Era una pregunta que se le venía seguido a la cabeza desde el día de su cumpleaños. No, eso era erróneo, aquella pregunta había aparecido mucho antes en su mente, pero no la había notado porque era parecido a un eco sin importancia.
Emi tardó un poco más en responder esta vez, o quizá era su mente que le jugaba una broma con la percepción del tiempo.
«La verdad tu oferta parece buena ahora, y no vi tu cuarto mientras estuve ahí, ¿qué raro, no? ¿Te cuento un secreto? Me arrepiento de no ir contigo. Daniela está más loca de lo que imaginé.»
Las palabras de Emi le abrieron los ojos, ella quería estar con él en ese momento y Pablo estaba pensando seriamente en vestirse y salir a toda prisa en el auto por ella; sin embargo, sus dedos se movían más rápido que sus instintos y no hizo más que enviarle otro mensaje.

«¿No? Cuando quieras vuelves a verlo, aunque no es nada del otro mundo (podrías verlo ahora mismo pero… ow, preferiste ir con alguien más </3).»
Cuando Emi leyó aquel mensaje, volvió a sentir algo especial en él y no era solo aquel emoticón. Era el sentir cómo le ponía los pelos de punta demostrándose herido y… celoso por aquella decisión. Se comenzó a preguntar si estaba mal sentir el cosquilleo en el estomago al leerlo, la ansiedad parecida a la que le provocaba…
«Me la imagino ordenada, pero no mucho :P con la guitarra en un lugar especial. No estoy ahí, pero ahora mismo siento como si estuviéramos hablando codo con codo.»
Envió, presionando el botón suavemente y cerrando los ojos. ¿Qué estaba pasándole? ¿Qué estaba sintiendo? ¿Era por sentirse sola y desamparada que intentaba refugiarse en cualquier atisbo de amabilidad? No le importaba. Pablo estaba ahí para ella ahora; aunque deseaba que la distancia no existiera, que su hombro tocara al de él.
La respuesta llegó al momento. Pero Emi estaba segura de que tardaba más cada vez.
«Sí, así mismo creo… muy ¿típico? No como el tuyo que era una sala de estar xP»
―¿Eh? ¿Sólo eso? ¿Dónde está mi respuesta linda y tierna? ―se dijo confusa y desilusionada―. No…
Entonces, se dio cuenta de que no era un simple mensaje aligerando la atmosfera romántica que se había dado ―según sus conclusiones― sin saber cómo. Era sarcástico, y como se trataba de algo que le envió Pablo, no lo había notado.
«No me gustó como sonó eso.»
Envió.
«A mí menos.»
Llegó en respuesta.
La chica dejó el aparato en la mesita y pensó en cómo seguir. De pronto, se sentía muy cansada; seguramente aquel era el precio por dividir el corazón.
Abrió los ojos como platos, y de un saltó subió al sillón, como si su teléfono fuera de pronto un ser que atentaba contra su vida. Emi se percató del rumbo de sus pensamientos y sentimientos y se asustó. Aquello no estaba bien, lo que estaba haciendo, hacía donde quería ir en ese momento.
―No volveré a tocar esa cosa. No.
Sin embargo…

«¿Por qué lo dijiste entonces? No tuve otra opción.»
Pablo leyó y se sintió culpable. Era cierto que ella no tenía culpa alguna… o quizá sí, para qué iba a intentar engañarse a sí mismo cuando no funcionaba. Ella debió intentarlo más fuerte antes de ir a parar junto a Alex y punto.
«Lo sé, pero no puedo evitar sentir lo que siento. No me agradó que vivieras tanto tiempo en esas condiciones, por suerte ya buscas otro lugar mejor y eso me tranquiliza (Mi casa tiene las puertas abiertas). ¿Recuerdas que dijiste a Marco que lo buscaste antes de salir de casa?...»
Se detuvo. Respiró hondo y entonces continuó escribiendo.
«… Él no estaba, pero no he dejado de pensar que si yo hubiera abierto la puerta entonces, las cosas serían muy distintas.»

A Emi se le abrió la boca sin notarlo. Esas palabras tenían tantos significados como letras para ella, porque a menudo se preguntaba qué pasaría si las cosas se hubieran dado de manera distinta. No hubiera ido a parar con Alex, en primer lugar, no conocería a un montón de gente, no estaría dando bote de un lugar a otro… tal vez; pero ahora realmente quería saber qué significaba para Pablo.

«¿Te gustarían que las cosas fueran diferentes? ¿Qué tanto? ¿De qué modo? A veces lo pienso…»
Leyó Pablo y no pudo evitar sonreír ante la arrolladora curiosidad de ella. Podía oír en su mente el tono de voz con que lo decía, y las ganas de hacer más preguntas acercándosele invasivamente, con sus mejillas sonrojándose y los ojos brillantes...
«Te habría conocido mucho antes, eso es todo lo que me gustaría cambiar.»
Envió y se sintió vació por dentro.
¿Qué habría pasado si la hubiese conocido mucho antes? ¿Se hubiera enamorado de él…?
Se sentó sorprendido por el rumbo de sus pensamientos. Un mensaje de Emi lo interrumpió regresándolo a la realidad.
«Me encajaría que las cosas hubieran salido como planeaba, aunque las cosas son como son y ya no se pueden cambiar ―leyó, sintiendo un regusto amargo―, pero de algo estoy segura, que sin importar qué camino me viera obligada a tomar, estarías en el. ―Una sonrisa le iluminó el rostro―. Wow, eso es súper cursi, pero no me importa, eres de las mejores cosas que me han pasado xD»
― Y tú en mi vida… ―susurró, pero escribió otra cosa.

«Aunque tal vez, no hubiéramos tenido algunas anécdotas… como un hermano loco, y una noche fría en medio de la nada :P»
Emi contuvo la risa al leer ese texto y se sintió súper relajada.
«Ah, ¿eso quiere decir que estarías dispuesto a vivir más cosas interesantes y que no te desagradan del todo, eh? 1313»
La respuesta llegó un momento después.
«Si por “interesantes” te refieres a “locas”…»
Emi se tapó la boca con la mano, a riesgo de soltar una carcajada. Escribió sin pensar mucho y rápido.
«Bien que te gustan estas cosas “locas”.»
Se mordió el labio y envió.

― No tienes idea cómo me gustas ―dijo Pablo, distraído sin darse cuenta de lo dicho, escribió algo similar.
«Me encantan.»
Mientras esperaba ansioso la respuesta, miró la hora. Faltaba para la una de la madrugada. Qué raro, había pasado tan poco tiempo, pero sentía una eternidad pasar entre cada mensaje.
«Gané.»
Recibió.
― ¿“Gané”? ¿Sólo eso? ¿Qué significa?
«¿Se puede saber qué ha ganado, señorita?»
Enviar. La espera por el siguiente se le hizo aun más larga.
«Dos cosas. La primera, la competición de quién mandaba mensajes más cortos, fíjate como veníamos xD La segunda, reconoces mi supremacía en creación de historias juntos, admitiendo que te encantan las mías. B)»
Como lo hacía reír esa chica, estaba doliéndole el estomago y retorciéndose en la cama tras leer eso último. Luego de eso, sólo podía hacer una cosa:
«Creo que debes anular el resultado hasta que no compruebes las cosas geniales que puedes experimentar conmigo.»
Envió, y se dio cuenta que eso estaba lleno de doble sentido. Se encogió de hombros, era lo que pensaba, no iba a intentar arreglarlo o cambiar de opinión porque era bastante malo en eso. Él era sencillo y natural, ser lo contrario le hacía sentir estúpido y dolor de cabeza.
― Suavizante… ¡por favor! ―bufó.
― ¡Llegué hermano! ―Marco abrió la puerta y la luz del pasillo iluminó el cuarto, medio cegando a Pablo. No supo por qué, pero cuando el teléfono vibró al recibir el mensaje de Emi, lo escondió―. ¿Qué pasó con Emi al final..? ―Marco lo miró extrañado, se veía algo raro su hermano―. Ah, interrumpo… sé rápido entonces.
― Tienes la mente asquerosa —dijo Pablo, picándole las manos por sacar el móvil bajo su muslo y leer el mensaje, pero no quería que Marco fisgoneara―. Leo no llegó.
― ¡¿Está en mi cuarto?! ―Todo el cuerpo de Marco pareció listo para la carrera. Pablo continuó.
― Nop. Daniela la invitó a su casa y se quedó con ella. ―Se encogió de hombros.
― Me estás vacilando.
― No. Le insistí, pero no quiso. Ahora… ―Que Marco pensara lo quisiera, lo quería lejos de ahí para leer tranquilo―. Dejas la puerta cerrada, ¿sí?
― Ok, la llamaré para ver cómo está. No te sigo molestando~
― Oye, es muy tarde, no la molestes ―dijo. Si la llamaba, iba a interrumpirlos.
― Que tarde ni ocho cuartos. No son ni la una.
― Seguro está dormida ―insistió.
― No puedo imaginar tal situación si se fue con Daniela. Ey, seguro están arreglándose para salir de parranda… e ir a buscar chicos… ―murmulló medio molesto.
― ¿Cómo crees? Es mitad de semana. Ya vete a dormir.
― Tienes razón, aun así la voy a llamar un ratito para decirle cómo me fue.
Suspiró Pablo, Marco cerró la puerta y entonces sacó el teléfono con ansias. Leyó, dos mensajes nuevos.
«Tienes mala memoria. Una vez nos llevaste a un pub, experiencia bastante normalita debo decir e.e Aunque la noche no terminó muy bien x’D»
«Mmm… te estás tardando… Tal vez se te acabó el saldo. Buenas noches entonces, nos vemos mañana.»
― ¡Estúpido Marco! Espera… no pasó tanto tiempo, ¿o sí?
De inmediato llegó otro.
«Ups, pareciera que me como las uñas xD me acabo de dar cuenta que no pasaron ni 10 minutos :$ soy un poco acosadora a veces.»
― Tontita… ―Sonrió y se puso a escribir muy rápido.

«Llegó Marco, preguntó por ti y me entretuvo. Me gusta que me acoses y esa no cuenta…»
― Y creo que me gusta acosarte. ―Se atrevió decir Emi, envalentonada con la adrenalina del ilícito.
«Está llamando, si contesto, seguro nos pondremos a hablar un buen rato -.-‘ no podré escribir entenderás, así que creo éste es el último mensaje, además ya es tarde ¡y mañana trabajamos! u.u Peeeero, ¿por qué no cuenta esa?»
Envió y volvió a rechazar la llamada de Marco. La respuesta no tardó nada en llegar.
«Lo planteo así: Noche fría lugar extraño tú y yo. Noche con final malo en grupo.»
― Oh… ―susurró sorprendida. Se dio cuenta que no decía buenas noches, entonces continuaba según su razonamiento. Rechazó la tercera llamada de Marco.
«Debe ser un enfrentamiento en igualdad de condiciones, así que… creo te debo una cita. Solos tú y yo. Buenas noches ahora sí que sí, descansa y no dejes que mi hermano te desvele, ¿eh?»
El corazón de Emi saltaba incansable en su pecho, se había olvidado de toda lógica, y no le importaba en ese momento ponerse a pensar en sus sentimientos por Alex, o que su corazón estaba palpitando así por una proposición de Pablo. Simplemente le gustaba como se sentía.
«¿Cuándo?»
No quería que el intercambio de mensajes se acabara aún.
«Contéstale a mi hermano, lo oigo quejarse y no me gustan sus alaridos. No soy bueno improvisando (a diferencia de ti con tu vasta experiencia), así que ya te diré cuando. PD: BUENAS NOCHES, ten lindos sueños luego de cortarle a Marco.»
― Uy, rápido y con mayúsculas.
«Buenas noches… Esperaré entonces.»
Envió, y se recostó en aquel mullido sofá mirando al techo, con un brillo diferente y único en los ojos; sin saber que en la oscuridad de su cuarto, Pablo tenía la misma expresión, con una sonrisa de oreja a oreja.